Adriana Álvarez Palacio presenta el libro "Escuela de frikis"
jueves, 29 de noviembre de 2012
martes, 27 de noviembre de 2012
El Lazarillo y el jarro de vino
En esta ocasión, Lázaro nos cuenta cómo se las ingeniaba para beber el
vino al ciego y también la venganza del ciego al descubrir el engaño.
Solía poner junto a él un jarro de vino cuando comíamos y yo rápidamente lo cogía y le daba “un par de besos callados” (un par de tragos) y lo dejaba en su sitio. Pero aquello duró poco porque se dio cuenta de que faltaba vino y ya nunca soltaba el jarro. Se me ocurrió entonces utilizar una paja larga de centeno que metía en la boca del jarro, de manera que podía chupara el vino procurando no hacer ruido para que no se enterara. Aquello duró algún tiempo pero el ciego se dio cuenta de que le faltaba vino y desde entonces colocaba su jarro entre las piernas y lo tapaba con la mano y así bebía seguro.Viendo que aquel remedio de la paja ya no me valía, decidí hacer un agujero en el suelo del jarro y taparlo con cera y a la hora de la comida, fingiendo tener frío, me colocaba entre las piernas del ciego a calentarme en la lumbre que teníamos y al calor de ella se derretía la cera y comenzaba a caerme el vino en la boca, la cual yo de tal manera ponía que no se perdía ni una sola gota. De este modo, cuando el ciego iba a beber apenas había vino en el jarro.
- No diréis que lo bebo yo -le decía-, pues no soltáis el jarro de la mano.
El ciego no contestó, pero comenzó a palpar el jarro hasta que encontró el agujero, aunque disimuló como si no se hubiese enterado. Al día siguiente, estando yo disfrutando del vino que caía por el agujero del jarro, con mi cara puesta hacia el cielo, consideró el ciego que era el momento de vengarse y, alzando el jarro con sus dos manos, lo dejó caer sobre mi boca.
Yo que estaba descuidado y gozoso, verdaderamente me pareció que el cielo, con todo lo que en él hay, me había caído encima. Fue tal el golpe que perdí el sentido y el jarrazo tan grande, que los pedazos de él se me metieron por la cara, rompiéndomela por muchas partes y me rompió los dientes, sin los cuales hasta hoy en día me quedé.
El ciego me lavó con vino las roturas que con los pedazos del jarro me había hecho y sonriéndose decía:
- ¿Qué te parece, Lázaro? Lo que te enfermó te sana y da salud.
viernes, 23 de noviembre de 2012
"Viaje para comérselo"
El periodista Román Saiz Escrig nos ofrece su particular visión del viaje a Salas para visitar la fábrica de Danone y el obrador donde elaboran los "Carajitos del Profesor".
A las 9:30 partieron hacia la fábrica de Danone y llegaron a las 10:15. La visita duró una hora. A los niños les pusieron una ropa adecuada para entrar a la fábrica. A continuación les proyectaron un vídeo de cómo se hacía el Danone y cómo eran las cosas que hacían en leche Danone. La marca nació hace 93 años en Barcelona, en el año 1919.
Luego llegaron a la tienda "Carajitos del profesor". El inventor fue un profesor de música. Los carajitos están hechos de azúcar, clara de huevo y avellana. Se muelen las avellanas con un molino, se mezclan a mano los demás ingredientes y se meten en el horno. Luego les contaron que llevan 95 años haciéndolos.
"Viaje con yogures"
El pasado miércoles, 20 de noviembre, viajamos a la localidad de Salas. Allí visitamos la fábrica de Danone y el obrador donde elaboran los "Carajitos del Profesor". Aprovechando que viajaron con nosotros dos ilustres periodistas, hemos preferido que sean ellos quienes cuenten la crónica del viaje. La periodista Ana Izquierdo lo vio así:
Salimos del cole a las 9:30 horas y llegamos a la fábrica de Danone a las 10:15. Estuvimos allí una hora. Cuando llegamos nos vestimos con una bata y una redecilla y nos contaron que solo fabrican "danoninos" y flan de vainilla. También nos enteramos de que Isaac Carasso inventó el "danone" en 1919 en Barcelona. Primero se vendía en las farmacias porque se tomaba como una medicina, luego se empezó a vender en mercados.
Después fuimos a la fábrica de "Carajitos del profesor". Tardamos como cinco o diez minutos. Allí nos enseñaron que se llaman así porque los inventó un profesor y porque un extranjero le pedía un carajo y le pareció divertido. En esta ocasión no tuvimos que ponernos ningún traje y nos dieron un "carajito".
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